martes, 8 de septiembre de 2015

Mi complemento perfecto.

-¡Dios! Esto parece historia de ficción. –Sebastian observador, rompía aquel círculo que se cerraba excluyéndolo a él. Comprensible, no formaba parte de aquella historia, pero no le gustaba el rincón al que lo habían marginado, quería ser parte de ellos. Era inexplicable, eran personas con las que nunca pensó sentirse a gusto, con ganas de proteger, porque eso sentía… Ganas de abrazar a aquella mujer tan frágil, de la cual tenía la convicción que era insufriblemente consentida por capricho. Y a Mía, una extraña arisca y grosera pero peligrosamente seductora, se batiría en duelo con ella misma por conseguir abrazarla y hacerla sentir que nunca más sufriría… que deseaba ser quién velara por ella-.

Algo había cambiado en Sebastian, su personalidad tan fría y cuadrada se había desecho en mil pedazos al conocer a aquellas personas. La calidez de sus miradas, sus palabras… el amor que presenció no lo había conocido ni en películas porque como bien afirma el cliché La realidad supera siempre a la ficción… ¡Cuánta razón!

-Amanda… ¿Qué puedo hacer por ti? –Mirando al par que tenía a cada lado ella -¿Y por ustedes?

-Es muy tarde, creo que debemos irnos. Mía ¡Vente conmigo! No me quiero separar más de ti, les contaremos a mis padres lo ocurrido y verás que ellos entenderán, son muy comprensivos, aunque lo más seguro es que estén encantados con lo que ha ocurrido-.

-Mandi… No quiero volver a perderte… De hecho ahora sí que no lo permitiré. No sé cómo lo haremos pero quiero tenerte en mi vida. –Le acarició la mejilla y le besó la sien. –Pero creo que debes ir, estaremos en contacto. Ya sé dónde estás y tú como encontrarnos a nosotros. Yo dormiré esta noche con Alex, tengo que solucionar algunos detalles de mi vida y entonces ahí sí… Veremos cómo lo hacemos-.

Un abrazo de despedida que no era amargo, supo a miel de flores… volver a abrazar a su hermana, era un regalo divino, la señal que las cosas empezarían a ir mejor. Quizás Mía dejara de meterse en tantos líos ya y Amanda tendría un poco de emoción en su vida, esa que siempre le falto desde el momento que no tuvo a su mitad loca con ella.

Después de dejarlos en la dirección de Alex; Amanda y Sebastian se sumieron en un profundo silencio. Eran las 5:45 de la madrugada, ya pronto amanecería cuando aparcó el coche delante de la mansión Soler.

-Sebastian… Hoy me has cambiado la vida llevándome allí. Te estaré eternamente agradecida por esta bendita casualidad.

-No tienes por qué, me siento feliz por lo que he presenciado.

-Quiero pedirte un favor –Con sus cuerpos girado, teniéndose enfrente –No le cuentes a nadie lo que ha pasado, quiero primero hablar con mis padres. Necesito saber ¿Por qué no insistieron? Mía es muy capaz de fingir así, era una niña y por muy suspicaz que fuera no podían entender más allá de la manipulación que hicieron… ese ¿Por qué? Es el que me sigue dando vueltas en la cabeza-.

-Claro que si… con una condición –Amanda lo miró con escrutinio. –Déjame ganarme tu amistad, quiero ser parte de eso que vi esta noche-.

-No comprendo… Son personas con las que nunca te relacionarías…

-Porque quiero. Descubrí una parte de ti que me sorprendió para bien y conocí a personas a los que usualmente evitaría pero que me hicieron sentir cosas que nunca había sentido.

-¿Quieres decir qué esa estricta y fría coraza está en peligro de extinción? Puede que detrás de esa mirada de témpano haya un hombre sensible y no un robot como nos haces pensar.

-¿Entonces? ¿Significa eso un sí?


-Tengo que hablar con ellos primero, no les caíste muy bien. Pero sí, me alegraría si estar con nosotros derrite esa frialdad que tienes en tu corazón-.