-¡Dios! Esto parece historia
de ficción. –Sebastian observador, rompía aquel círculo que se cerraba
excluyéndolo a él. Comprensible, no formaba parte de aquella historia, pero no
le gustaba el rincón al que lo habían marginado, quería ser parte de ellos. Era
inexplicable, eran personas con las que nunca pensó sentirse a gusto, con ganas
de proteger, porque eso sentía… Ganas de abrazar a aquella mujer tan frágil, de
la cual tenía la convicción que era insufriblemente consentida por capricho. Y
a Mía, una extraña arisca y grosera pero peligrosamente seductora, se batiría
en duelo con ella misma por conseguir abrazarla y hacerla sentir que nunca más
sufriría… que deseaba ser quién velara por ella-.
Algo había cambiado en
Sebastian, su personalidad tan fría y cuadrada se había desecho en mil pedazos
al conocer a aquellas personas. La calidez de sus miradas, sus palabras… el
amor que presenció no lo había conocido ni en películas porque como bien afirma
el cliché La realidad supera siempre a la
ficción… ¡Cuánta razón!
-Amanda… ¿Qué puedo hacer por
ti? –Mirando al par que tenía a cada lado ella -¿Y por ustedes?
-Es muy tarde, creo que debemos
irnos. Mía ¡Vente conmigo! No me quiero separar más de ti, les contaremos a mis
padres lo ocurrido y verás que ellos entenderán, son muy comprensivos, aunque
lo más seguro es que estén encantados con lo que ha ocurrido-.
-Mandi… No quiero volver a
perderte… De hecho ahora sí que no lo permitiré. No sé cómo lo haremos pero
quiero tenerte en mi vida. –Le acarició la mejilla y le besó la sien. –Pero
creo que debes ir, estaremos en contacto. Ya sé dónde estás y tú como
encontrarnos a nosotros. Yo dormiré esta noche con Alex, tengo que solucionar
algunos detalles de mi vida y entonces ahí sí… Veremos cómo lo hacemos-.
Un abrazo de despedida que no
era amargo, supo a miel de flores… volver a abrazar a su hermana, era un regalo
divino, la señal que las cosas empezarían a ir mejor. Quizás Mía dejara de
meterse en tantos líos ya y Amanda tendría un poco de emoción en su vida, esa
que siempre le falto desde el momento que no tuvo a su mitad loca con ella.
Después de dejarlos en la
dirección de Alex; Amanda y Sebastian se sumieron en un profundo silencio. Eran
las 5:45 de la madrugada, ya pronto amanecería cuando aparcó el coche delante
de la mansión Soler.
-Sebastian… Hoy me has
cambiado la vida llevándome allí. Te estaré eternamente agradecida por esta
bendita casualidad.
-No tienes por qué, me siento
feliz por lo que he presenciado.
-Quiero pedirte un favor –Con
sus cuerpos girado, teniéndose enfrente –No le cuentes a nadie lo que ha
pasado, quiero primero hablar con mis padres. Necesito saber ¿Por qué no
insistieron? Mía es muy capaz de fingir así, era una niña y por muy suspicaz
que fuera no podían entender más allá de la manipulación que hicieron… ese ¿Por
qué? Es el que me sigue dando vueltas en la cabeza-.
-Claro que si… con una
condición –Amanda lo miró con escrutinio. –Déjame ganarme tu amistad, quiero
ser parte de eso que vi esta noche-.
-No comprendo… Son personas
con las que nunca te relacionarías…
-Porque quiero. Descubrí una
parte de ti que me sorprendió para bien y conocí a personas a los que
usualmente evitaría pero que me hicieron sentir cosas que nunca había sentido.
-¿Quieres decir qué esa
estricta y fría coraza está en peligro de extinción? Puede que detrás de esa
mirada de témpano haya un hombre sensible y no un robot como nos haces pensar.
-¿Entonces? ¿Significa eso un
sí?
-Tengo que hablar con ellos
primero, no les caíste muy bien. Pero sí, me alegraría si estar con nosotros
derrite esa frialdad que tienes en tu corazón-.
