viernes, 16 de octubre de 2015

Vista al Mar

Decipher your eyes and not idolize her eyes.
Appreciate your honest hand, not the power to sustain.
Look at his work rather than his diction.

martes, 8 de septiembre de 2015

Mi complemento perfecto.

-¡Dios! Esto parece historia de ficción. –Sebastian observador, rompía aquel círculo que se cerraba excluyéndolo a él. Comprensible, no formaba parte de aquella historia, pero no le gustaba el rincón al que lo habían marginado, quería ser parte de ellos. Era inexplicable, eran personas con las que nunca pensó sentirse a gusto, con ganas de proteger, porque eso sentía… Ganas de abrazar a aquella mujer tan frágil, de la cual tenía la convicción que era insufriblemente consentida por capricho. Y a Mía, una extraña arisca y grosera pero peligrosamente seductora, se batiría en duelo con ella misma por conseguir abrazarla y hacerla sentir que nunca más sufriría… que deseaba ser quién velara por ella-.

Algo había cambiado en Sebastian, su personalidad tan fría y cuadrada se había desecho en mil pedazos al conocer a aquellas personas. La calidez de sus miradas, sus palabras… el amor que presenció no lo había conocido ni en películas porque como bien afirma el cliché La realidad supera siempre a la ficción… ¡Cuánta razón!

-Amanda… ¿Qué puedo hacer por ti? –Mirando al par que tenía a cada lado ella -¿Y por ustedes?

-Es muy tarde, creo que debemos irnos. Mía ¡Vente conmigo! No me quiero separar más de ti, les contaremos a mis padres lo ocurrido y verás que ellos entenderán, son muy comprensivos, aunque lo más seguro es que estén encantados con lo que ha ocurrido-.

-Mandi… No quiero volver a perderte… De hecho ahora sí que no lo permitiré. No sé cómo lo haremos pero quiero tenerte en mi vida. –Le acarició la mejilla y le besó la sien. –Pero creo que debes ir, estaremos en contacto. Ya sé dónde estás y tú como encontrarnos a nosotros. Yo dormiré esta noche con Alex, tengo que solucionar algunos detalles de mi vida y entonces ahí sí… Veremos cómo lo hacemos-.

Un abrazo de despedida que no era amargo, supo a miel de flores… volver a abrazar a su hermana, era un regalo divino, la señal que las cosas empezarían a ir mejor. Quizás Mía dejara de meterse en tantos líos ya y Amanda tendría un poco de emoción en su vida, esa que siempre le falto desde el momento que no tuvo a su mitad loca con ella.

Después de dejarlos en la dirección de Alex; Amanda y Sebastian se sumieron en un profundo silencio. Eran las 5:45 de la madrugada, ya pronto amanecería cuando aparcó el coche delante de la mansión Soler.

-Sebastian… Hoy me has cambiado la vida llevándome allí. Te estaré eternamente agradecida por esta bendita casualidad.

-No tienes por qué, me siento feliz por lo que he presenciado.

-Quiero pedirte un favor –Con sus cuerpos girado, teniéndose enfrente –No le cuentes a nadie lo que ha pasado, quiero primero hablar con mis padres. Necesito saber ¿Por qué no insistieron? Mía es muy capaz de fingir así, era una niña y por muy suspicaz que fuera no podían entender más allá de la manipulación que hicieron… ese ¿Por qué? Es el que me sigue dando vueltas en la cabeza-.

-Claro que si… con una condición –Amanda lo miró con escrutinio. –Déjame ganarme tu amistad, quiero ser parte de eso que vi esta noche-.

-No comprendo… Son personas con las que nunca te relacionarías…

-Porque quiero. Descubrí una parte de ti que me sorprendió para bien y conocí a personas a los que usualmente evitaría pero que me hicieron sentir cosas que nunca había sentido.

-¿Quieres decir qué esa estricta y fría coraza está en peligro de extinción? Puede que detrás de esa mirada de témpano haya un hombre sensible y no un robot como nos haces pensar.

-¿Entonces? ¿Significa eso un sí?


-Tengo que hablar con ellos primero, no les caíste muy bien. Pero sí, me alegraría si estar con nosotros derrite esa frialdad que tienes en tu corazón-. 


sábado, 15 de agosto de 2015

Principio del fin -Martha Ferrás.

Los fantasmas del pasado acudieron a Danna como una plaga de feos y oscuros abejorros revoloteando sobre su cabeza y dejándola con un escalofrío recorriendo su cuerpo. Llegó a casa, por suerte comprobó que Sara estaba durmiendo, aunque sabía que intentaría no quedarse dormida para enterarse de los pormenores de su cita. Pero Danna no estaba de humor para hablar, para enfrentarse a sus miedos emergidos, era una batalla a la que se estaba rindiendo antes de luchar… Volver a entregarse al amor, depositar toda su confianza en un hombre, sentirse amada sin ataduras, sin miedos… Era algo a lo que se había negado.

Entró a su habitación y buscó en su armario. El suéter suave de Samuel, lo cogió y hundió su rostro en él, conservaba su olor, su calidez… abrazando aquel trozo de tela, acurrucada sobre la cama recordaba sus brazos y por muy disparatado que fuera, le bajaba el pulso cardíaco, su pecho iba tomando serenidad y desapareciendo la fuerte opresión que sentía. Comenzó a analizar todo para sus adentros.


Es de chiste esto, sentirme cerca de Samuel me ha calmado, pero cuando lo sentí con sus manos sobre mí, me asusté y mucho, volvió ese miedo incontrolado hacia los hombres, me volví a sentir vulnerable, insegura de mí misma. Pero tiene la capacidad de calmarme, nunca había sentido esto ¡Dios me estoy volviendo loca! Oh no… si me he mantenido cuerda hasta ahora… Puede que esto sea realmente el principio del fin de mi tortura, romper de una vez con mi pasado. Si esto es así, lo lograré, pero debo centrarme en mí. No puedo depender de un hombre para lograrlo, de hecho si doy riendas sueltas a como mi cuerpo reacciona ante él haré el ridículo y él me importa mucho para cometer semejante idiotez. Samuel, te me has colado muy dentro de mi… espero te resulte lo suficientemente interesante para que me tengas paciencia. 

jueves, 13 de agosto de 2015

L'Eveil

¿Y si ella no era de las insulsas mujeres que le habían hecho perder toda esperanza en el amor? Danna no tenía la mirada vacía y eso fue lo primero que lo dejó prendado de ella, había fuego, pasión, pureza y dulzura, una extraña mezcla que como menos le pareció un sueño. Esa mujer era real, con la que siempre soñó, la que creía un espejismo, una utopía… y la tuvo frente a él. ¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Tendría algún hombre a su lado? La sola idea de pensarlo hizo que Samuel oscureciera la mirada con enfado, con dolor de no saberla de él, con tristeza.

-¡Me sentí segura en sus brazos! Una seguridad diferente ¿Por qué habré bajado la guardia? ¡Dios! Después de tantos años. Ese hombre me he excitado como una adolescente, sin temor, con ganas de entregarme, con ganas de sentirme entre sus brazos… ¿Lo Deseo? -Danna sonreía a solas, ensimismada en su mundo, volver a sentir deseo sano por un hombre, sentirse con ganas de ser suya, era una muy buena noticia para ella. Se había cerrado al amor hacía mucho tiempo ya, este en el pasado no le trajo más que dolor y sufrimiento… Tuvo que superarse a sí misma y tomar decisiones trascendentales para afrontar la vida, para mantenerse sana.  

Tu whisky y mi chocolate

Los bombones estaban rellenos con fino chocolate líquido que se deshacía en la boca e inundaba el paladar. Sí que tenían diferentes destinos... Desnudos sobre la cama, Sergey sostenía con sus labios el trozo de chocolate entero hasta que lo estallaba sobre el cuerpo de Sam, iba dejando una riada viscosa y dulce sobre su pecho donde se deleitaba en su cúspide totalmente excitada, su lengua saboreaba cada palmo de su piel con sabor a chocolate. De vez en cuando cogía uno y lo explotaba aprisionando contra la boca de Sam. Hicieron el amor más dulcemente que nunca. Las sábanas que en un inicio fueron blancas ahora no tenían color definido, iban desde el blanco hasta al marrón pasando por matices pardos.

- ¿Te gustó el chocolate? - Sergey besaba la mano de Sam entrelazada a la suya. Estaba sobre su pecho con los ojos cerrados pero sabía que no dormía.

- Mucho, aunque ahora sé que eres más goloso que yo - separándose lo justo para mirarse divertida su cuerpo revelando la huella del deseo.

- La verdad es que pareces un picasso... ¡Te enmarcaré! - Rieron a carcajadas.


La primera vez...

- Eh Sam, me olvidé decirte que un chico muy guapo preguntaba por mamá afuera, le pregunté quién era y me dijo que un amigo tuyo. Por cierto, toma aire antes porque es de los que anula la respiración -dijo Melissa con picardía-.

Las alarmas de Sam se dispararon ¿Quién podría ser? ¿Acaso el que provocó el accidente venía a rematar lo que empezó? Salió de allí con intensión de averiguarlo y hacerle hablar, cuando lo vio...

- Hola mi amor... -Con un ramo de rosas de varios colores en sus manos- Acabo de leer la noticia del accidente de tu madre ¿Cómo está ella?

- Bien, dentro de lo que cabe… ¿Esas rosas? Mirándolo con una ceja levantada.

- Para ella, es la convaleciente. - La miró divertido y sacó una rosa roja del centro. - Pero esta para ti.
- Gracias por este bonito detalle. En cuanto a la comida de hoy debo cancelarla tengo que...

Sergey la silenció con un suave beso - No tienes que explicarme, lo comprendo. Si me necesitas solo llámame... - Entregándole el ramo a Sam. - Dile que de un amigo, agradecido porque tu existas Samanta Rossford y que deseo que se recupere pronto.

- Se lo diré... -Le besó y vio cómo se alejaba por el pasillo frío y ajetreado entre médicos y enfermeras de un lado para otro.

Puso las flores en un jarrón y solo le dijo a su madre que eran de parte de un amigo, se excusó pidiéndole a Melissa que no dejara a su madre sola hasta que ella o su padre no llegaran. Mel asintió ajena a la real preocupación que sentía.

Sentada en el despacho con su padre, frente el uno del otro, Eduard con una vaso de coñac y Sam uno de agua... Eduard mostraba un rostro más relajado.

- Cuéntame papá ¿Qué has averiguado?

- Hija esto no es más que las consecuencias de un negocio que no resultó del todo provechoso para la otra parte. - Ed se recostó en un mullido sofá. - El pobre infeliz estaba desesperado no se le ocurrió mejor venganza que hacer daño a mi familia. Pero ya está controlado.

- ¿Estaba? - Samanta sabía muy bien lo que podría significar esa palabra conjugada en pasado- ¿qué le has hecho papá?

- Nada, mi familia es intocable aunque hayan inconscientes que aún no se han aprendido la lección. No te preocupes, nadie ha resultado herido... de momento.

Viviendo un sueño.

Inspired ... aroma of jasmine filled the room felt full, calm, fighting the fatigue of his eyelids, wanted to freeze that day, every detail, the clock did not walk ... just I hoped it was not a dream ...He lived a perfect dream.


miércoles, 12 de agosto de 2015

Adorable Confusión. Extracto. Martha Ferrás.

Amanda la miraba con los ojos tan abiertos que pensaba se le saldrían fuera. Pero Sebastían mostraba una sonrisa inconsciente en sus labios, nunca había visto una mujer así… con determinación, seguridad en sí, defendiendo lo que creía correcto sin importarle los protocolos del buen estar. Vamos… una mujer que nunca había tenido ni querido tener cerca.

-Vamos nena, este no merece la pena ni que te manches los nudillos…

-Ya… ese placer te lo pedías tú –Estallaron los dos en una enorme risotada con su natural frescura-.

Salieron fuera del recinto los cuatro. Tenían mucho de qué hablar, ponerse al día de toda una vida de ausencias. Pero un corpulento trigueño, de ojos pardos y sonrisa provocadora se les acercó interponiéndose en el camino de Mía.

-Hola. –Steel solo obtuvo por respuesta un movimiento de barbilla con mirada seductora. –Acabo de ver lo que pasó ahí dentro… ¿Qué, estabas aburrida?

-Digamos que le muestro al mundo mi sitio… -Se fundieron en un duelo pupila con pupila, a lo que él se rindió torciendo la boca a un lado en lo que pretendía ser una sonrisa-.

-Por algo así quería verte –El entrecejo de Mía se contrajo y Alex dejó a Amanda para colocarse al lado de su otra amiga. Captando la atención de Steel. –Tranquilo fiera, no creo que tu chica necesite que la protejas, sabe hacerlo solita. No obstante preciosa, vengo a darte esto –Sacó de su bolsillo una pulsera con diamantes. Era una de las joyas robadas que se usaron en la carrera clandestina. Se la colocó en su muñeca y se le acercó al oído peligrosamente aunque el motivo era para que nadie lo escuchara. –Esto es un regalo personal, quién me gana como lo hiciste tú tiene mis respetos. Lo que necesites estoy a tu disposición. Solo dime dónde, cuándo y ahí estaré. –Alejándose ya pero sin perder contacto visual –Ah y puedes circular sin preocupación, es marca registrada. –Esa aclaración significaba que estaban eliminados los códigos de rastreo. Mía se miró la alhaja q brillaba con las luces de las farolas pero nada iba con su personalidad.

-¿Pretendes que parezca muñequita de porcelana con esto?

-Tranquila Nena… durará hasta la primera pelea que entres.

-Pues espero no hayan más, si es así… ¡Ya sabes! –Extendió su brazo en un puño cerrado esperando que ella lo imitara, Alex enfureció de celos, ese era su saludo y de nadie más-.

-Lo siento ese saludo no lo comparto… -Se acercó y le besó la mejilla para reunirse con Amanda y Sebastian que se mantenían alejados observando-.

martes, 11 de agosto de 2015

[Extracto] -Martha Ferrás

Samuel quedó pasmado cuando la vio aparecer en la cocina. Su largo y desenfadado pelo, el rubor en sus mejillas le provocaba unas ganas enormes de besarla, hasta que sus ojos captaron ese suéter… debió darle otro u otra cosa, le marcaba unos pechos redondos y voluptuosos, se le marcaban sus pezones, emergió su erección en cuestiones de segundos, se giró sobre sus pies muy perturbado, no podía pensar. Tomó una bocanada de aire intentando despejar el mar electrizante que recorría su cuerpo.

Danna percibió su cambio de semblante, se preocupó temiendo una consecuencia al golpe y se acercó tomándole del brazo, con la otra mano le rodeó la cintura para ayudarlo a sentarse. El desconcierto de Samuel provocó que la mirara a los pechos mientras que ella lo siguió con la mirada y abrió los ojos desorbitados-

- ¡Oh Dios mío! – con torpeza se separó, estirando el suéter alejándolo de su cuerpo,  y vio su prominente bulto. - ¡Oh Dios mío! – El torrente sanguíneo se concentró en su cara. - Lo siento mucho, será mejor que me marche. – Balbuceando y caminando nerviosa por la cocina. Torpe y desorientada casi cae al suelo de un tras pie-.

- No te marches por favor. Es una reacción instintiva, poco civilizado… eres una mujer muy hermosa. Te prometo nunca irrespetarte y esto no volverá a ocurrir.

- Lo siento… lo siento mucho, mejor me voy. – Danna no huía de él, sino de ella misma. ¿Cómo iba a estar segura de que no volvería a pasar? Si ella no dejaba de sentir su piel como un auténtico hervidero, su cercanía alteraba todo su sistema haciendo que su cuerpo reaccionara de forma primitiva, mojando su ropa interior y endureciendo sus pezones hasta doler-.

Samuel se regañaba a si mismo por estropearlo todo a causa de su nulo autocontrol. Desde la adolescencia nunca más había pasado semejante vergüenza. Lo peor, era que aquella mujer lo excitaba hasta la locura. Eligió tomarse su tiempo para disfrutarla a plenitud. Lo que le hacía sentir merecía el sacrificio de controlar la parte de su cuerpo que tenía voluntad propia, era todo tan nuevo para él...

[Extracto] Martha Ferrás.

(...)Samanta... Te escuché hablar con tu hermana... - Sergey hizo una pausa al sentir como ella se tensó entre sus brazos y la miró a los ojos... sé que nos conocemos desde hace muy poco tiempo, pero sí estoy preparado para hablar de esto que siento por ti... Me has despertado de algún letargo, mi vida era demasiado diáfana antes de conocerte, tú has vuelto mi mundo de cabeza, me induces una adrenalina que me hace replantearme todo... Mis pensamientos giran en torno a ti. Nunca me he enamorado, no sé lo que se siente, pero esto que provocas en mi interior es lo más maravilloso que jamás soñé. Me haces ser mejor persona, de no defraudarte, de ser el hombre que te mereces y ser capaz de sembrar todo esto que siento por ti aquí - poniendo su mano sobre su pecho a la altura de su corazón.

Samanta no contestó... unas lágrimas asomaron hasta humedecer sus mejillas, levantó su cabeza lo suficiente para tomar sus labios y depositar el beso más especial que jamás había dado... era una promesa... un juramente... una declaración de amor. (...)

sábado, 25 de julio de 2015

[Extracto-motos] Martha Ferrás.

(...) Mía colocó la moto en posición de salida, junto a cuatro corredores más. Se situó quedando dos entre Steel, su mayor rival y ella. No dejaban de mirarse, a pesar de que tenían el casco de protección y era de noche se sabían ahí, conectando sus miradas. Todos animaban a los suyos, un ¡Vamos Nena! Una voz conocida, era por ella… era Alex.

De pronto el silencio se hizo en su cabeza, miró hacia adelante visualizando su meta enfocando su objetivo. La pista improvisada se convirtió en un túnel, agudizó su vista y solo vio nítido su vía de escape, el resto distorsionado, no importaba. Se aceleró su ritmo cardíaco, se incrementó la presión sanguínea, su pupila comenzó a dilatarse cuando se escuchó la señal.

Los motores tronaron, salieron disparados cada uno intentando ser el primero. Mía hacía que la aguja del velocímetro acariciara todo el tiempo la derecha de la circunferencia. Atravesaron toda la séptima avenida, haciendo un espectáculo impresionante se dirigieron hasta el puerto. Allí un hombre fornido y de rostro tosco sostenía una bolsa. En su interior contenía el plus añadido a la carrera, joyas robadas.

Tendrían que atravesar la ciudad esquivando a la policía y no permitir que los siguiera hasta donde se encontraban todos reunidos. Cada moto estaba controlado por un rastreador sofisticado de GPS y nadie sería tan tonto para buscarse de enemigo a la peor banda del este huyendo con aquella bolsa. Steel fue el primero en llegar, aunque todo el recorrido de ida estuvo reñido entre ellos dos ya que habían tomado distancia del resto desde el principio.

Él no jugaba limpio pero había perdido contra ella en la carrera anterior esta era la revancha que él pidió y estaba de mal humor porque había escuchado los rumores que a pesar de su ruindad, Mía le ganó, pero ella sabía jugar en ese terreno. Se intentaron accidentar uno al otro, Mía logró equilibrar mientras que en una oportunidad antes de entrar en curva le dio una patada y logró derribarlo. Esta vez acordaron como pacto privado entre dos que no siguen las normas… hacer una carrera limpia, que ganara el mejor.

Steel tenía la bolsa en una mano, que por dos segundos de adelanto no estaba en poder de Mía… aunque se había dado así no estaba todo perdido… ganaba quien entregara la bolsa en el punto de partida. Así que ella solo tenía las cosas un poco más difíciles, se acercó a él como tantas otras veces solo que esta vez giró su cuerpo hacia la izquierda en un rápido movimiento le arrebató la bolsa cuando intentaba colocársela en un hombro ¡Mala idea! No era una bolsa cómoda de llevar en esas circunstancias.

Se había introducido antes de salir su chaqueta dentro del pantalón uniendo ambas piezas por una cremallera interna. Lo había diseñado ella misma con el propósito que le protegiera la piel del roce con el asfalto en caso de caída. Se abrió la parte del pecho e introdujo la bolsa dentro volviéndola a cerrar hasta el cuello… Aceleró dejando atrás dos patrullas que ni se inmutaron ya que a la velocidad que marcaba el radal a aquella moto era impresionante y al tener la matrícula trucada no salían los códigos de rastreo.


Llegaron casi al unísono siendo Mía la que aventajó los segundos del triunfo. Aparcó su moto… abrió su chaqueta con sensualidad muy despacio y levantó los brazos en señal de vitoria. Entregó la bolsa y se giró siguiendo la dirección de las miradas que se dirigían a un punto detrás de ella. (...)


viernes, 24 de julio de 2015

VISTA AL MAR [Extracto] Martha Ferrás.

(...) Solo introducir la llave supo Carlos que aquella noche iba a ser complicada, inspiró profundo y entró. Pero la realidad superó la idea que se había formado. No necesitaba de las velas, a pesar de sus preocupaciones sus pantalones comenzaban a sentir vida propia dentro de ellos… Sabía de sobra que aquella mujer podía llegar a ser muy creativa porque le encantaba romper rutinas y convencionalismos… pero aquello en aquel momento, no lo deseaba en lo más mínimo. 

Con soltura y muy resuelta creó el ambiente. Le desconcertó en un principio la frialdad que desprendía y a la que para nada estaba acostumbrada a recibir. Hizo caso omiso y continuó con su juego de seducción hasta lograr que su cremallera estuviera a punto de explotar y le resultara más que difícil llegados a este punto, realmente imposible ocultar su erección…

Tirados en la cama, desnudos, desahogados y afortunadamente para los dos con las luces apagadas. Habían tenido el sexo de casados, del que ambos se reían no mucho tiempo atrás. Ocultos en sus mundos, ambos fueron traicionados por lágrimas silenciosas, amargas. Fingieron dormir sin decirse más que buenas noches.

Shila no pudo dormir en toda la madrugada así que se vistió y fue a hacer su carrera matutina. Práctica que había abandonado desde que había llegado a ese país. Hábito que adquirió para suplir la falta de sexo, cosa que al parecer había vuelto. Sólo que esta vez más dolorosa, tenía en su cama al hombre que amaba y por alguna razón que no alcanzaba a entender, lo estaba perdiendo de su vida.

Era muy temprano, recién amanecía. Corría, atravesaba parques, solo escuchaba sus pisadas contra el asfalto, sentía el fresco en sus mejillas pero este no era suficiente para secarlas de tantas lágrimas que agolpaban al salir. Tomaba aire, quería alejarse, huir… no conseguía obtener respuestas a las preguntas que se formulaba. Pero volvía una y otra vez la imagen fría e impávida de la noche anterior encogiéndose tanto su pecho que se obligó a parar y ya no pudo detenerse,  el llanto salió como si fuera una niña pequeña a la que le hubieran negado lo más preciado del mundo.


¿Dónde comienza y dónde termina realmente un sueño? ¿Es visible esa difusa línea que delimita la felicidad de su inexistencia? ¿Cuándo saber que es tiempo de luchar y cuándo de partir? Demasiadas incógnitas y ninguna solución. (...)


Mariposa Desnuda [Extracto PIEZAS DE UN PUZLE] Martha Ferrás.

PIEZAS DE UN PUZLE

(...) Mía se marchó a su trabajo, si es que aún lo conservaba. Quedaba cerca de su casa así que echó a correr, tenía que sacar la rabia que sentía, golpear a Diablo no la habían relajado, se sentía humillada, era solo sexo pero exigía lealtad como en todos los aspectos de su vida-.

Entró por el pub ya abarrotado de gente. La música a tope, la gente bailando y bebiendo. Intentaba abrirse paso hasta llegar a la barra-.

-Hola Mía… ¿El apocalipsis comenzó y te pilló de camino o qué? Llegas tarde-.

-Lo siento Santos… tuve que solucionar un asunto.

-¿Está saldado o me traerá problemas más tarde?

-Está solucionado y ya sabes que yo me ocupo de mis cosas, por mí no te malearán el ambiente. Voy a ponerme a trabajar, sino me vendrás con que tampoco trabajo ni rindo en mi horario.

-Ya veo lo sumisa que eres pidiendo disculpas… si no fuera por Alex ya no tendrías trabajo, dio la cara por ti… ¡Por Dios Mía! Siempre te estás saltando mis reglas, no voy a permitirte una más, la próxima que hagas de las tuyas te vas a la calle y esta vez lo arrastrarás a él también. 

Amanda y Sebastian aparcaron en el LIBELULA, era el centro de moda de aquella zona, con un entorno que seguro que pasaban de todo menos desapercibidos, pero al menos la tenía para él solo, sin los habituales moscardones.


 -¿Qué deseas beber?

-Un Château Lafite está bien, gracias. –Sebastian se quedó con una sonrisa medio torcida, va un club nocturno por allí y pide uno de los vinos más caros del mundo, aquella niña consentida era de revista-.

-Veré si tienen de eso aquí… -Amanda captó la indirecta-.

-Espera… mejor sería un San Francisco sin alcohol-.

-Bien, mejor elección.

Sebastian se dirigió a la barra donde pidió sus bebidas y mientras lo hacía captó su interés una huracanada mujer. Se movía como el viento y aunque carecía de delicadeza, había algo en ella que le atraía.

De todos los antros fuera de la alta sociedad tuvieron que elegir aquel. Donde estaba Mía, su mundo, su vida… Estar en el mismo espacio tiempo se había convertido en un sueño… del que cada mañana terminaba despertando.

Mientras en la mesa donde esperaba Amanda, ya estaba en problemas, ocasionándolos involuntariamente. Alex observaba la escena desde arriba y solo parecía que le hablaban, no obstante comenzó a caminar hacia ellos esperando que no se sobrepasaran, debía al menos esa noche mantener la mayor calma del mundo, su trabajo estaba en juego. (...)



(...) -¿Mía… Alex? –Los ojos de Amanda se inundaron en lágrimas –Ellos se giraron al escuchar sus nombres y fueron los segundos más esperados por años, con los que se soñaba cada momento… a los tres los envolvía un magnetismo único, se cerraron en un círculo que solo ellos conocía, la fuerza atrayente, la energía palpable era sublime.

Las dos hermanas se abrazaron, no dijeron nada, las palabras sobraban. Alex se unió al abrazo pasando un brazo por cada espalda de sus amigas. Intentó apretar fuerte para calmar los temblores del encuentro, pero ¿Cómo podría sosegar lo que él mismo padecía?

Todo ocurría bajo la conmocionada presencia de Sebastián. No entendía nada desde el principio ¿Aquella hechicera mujer golpeando en una pelea dispareja como si fuera una profesional en líos? Aquel fornido joven con aspecto de macarra ¿Qué hacían abrazándose los tres? ¿Por qué una niña mimada estaba en medio de un encuentro tan emotivo con individuos que nada tenían que ver con ella? No le cuadraba ninguna pieza de aquel puzle. (...) 

Mariposa Desnuda [Extracto] Martha Ferrás.

ADRENALINA

(...) Mía se miró en el espejo, ya lista. Como joya solo usaba una fina cadena de oro, sosteniendo lo que parecía la delicada ala de una mariposa… era su tesoro más valioso. Sostuvo su colgante entre sus manos con fuerza mientras cerraba los ojos, un hilo de dolor le atravesó el pecho. Subió a su moto y se empezó a activar la adrenalina que sentía siempre que se dirigía a ese sitio.

Alex la esperaba recostado a la suya en el lugar acordado. Él era su mejor amigo, su cómplice… Estuvieron juntos en el orfanato donde fue acogida tras la muerte de sus padres en un espantoso accidente de coches. Él no conoció a sus progenitores, simplemente fue abandonado al nacer en aquel oscuro y frío lugar, que aunque les proporcionó un hogar provisional, era carente de amor y calidez. Ambos fueron adoptados casi al mismo tiempo y por suerte acudieron al mismo colegio por la cercanía de sus nuevos tutores. Se cuidaron mutuamente y se fue creando un lazo de amor muy fuerte entre ambos… Una conexión que solo dos almas rotas comprendían y aceptaban tal y como eran.  

-Llegas tarde preciosa –Con su particular saludo chocando los puños cerrados Alex la miró divertido – ¿Quieres que se distraigan mirándote para darte ventajas sobre ellos?

Mía colocó la moto en posición de salida, junto a cuatro corredores más. Se situó quedando dos entre Steel, su mayor rival y ella. No dejaban de mirarse, a pesar de que tenían el casco de protección y era de noche se sabían ahí, conectando sus miradas. Todos animaban a los suyos, un ¡Vamos Nena! Una voz conocida, era por ella… era Alex. 

Steel no jugaba limpio pero había perdido contra ella en la carrera anterior esta era la revancha que él pidió y estaba de mal humor porque había escuchado los rumores que a pesar de su ruindad, Mía le ganó, pero ella sabía jugar en ese terreno. Se intentaron accidentar uno al otro, Mía logró equilibrar mientras que en una oportunidad antes de entrar en curva le dio una patada y logró derribarlo. Esta vez acordaron como pacto privado entre dos que no siguen las normas… hacer una carrera limpia, que ganara el mejor. 

Llegaron casi al unísono siendo Mía la que aventajó los segundos del triunfo. Aparcó su moto… abrió su chaqueta con sensualidad muy despacio y levantó los brazos en señal de vitoria. Entregó la bolsa y se giró siguiendo la dirección de las miradas que se dirigían a un punto detrás de ella.

-Ha sido un honor ganarte en carrera limpia… me pusiste a prueba y me hiciste dar lo mejor de mí. Eres muy bueno, solo que ahora puedo decir que… ¡Soy mejor! –Con su característica soberbia y una sonrisa de picardía se alejó hasta donde estaba Alex que la esperaba para darle un gran abrazo. Fue con Diablo circulando aun la adrenalina en las venas y le atrapó su lengua en un apasionado beso de tornillo. Quedó rodeada de sus amigos de la calle y su triunfo-. (...)



(...) Amanda estaba junto a la baranda del yate, inspirando el olor a mar, llenándose de su energía, su poder. La brisa jugaba con su pelo, era una deidad a la vista… su mente vagaba muy lejos de allí, estaba en un lugar sucio, mugriento y oscuro, pero con la persona que nunca la dejaron pasar miedo, con su presencia se sentía en el paraíso por mucho dolor que sintiera. Cerró los ojos y se acarició su muñeca izquierda.

-¿Se puede saber a qué matices te refieres? –Sebastian que acechaba el momento que estuviera sola aprovechó para acercársele.

-Sigo sin estar de acuerdo en la forma que planteas ese proyecto. Creo que nos causarás pérdidas millonarias si fracasas…

-¿Entonces cuando me dijiste que…?

-Cuando te dije que tendrías mi apoyo si mi padre así lo quería, es porque lo tendrás, no porque crea en él.

-¿Por qué eres tan dura conmigo? ¿Qué no sea el tipo de proyecto que te gusta a ti no significa que no sea bueno?

-No estés a la defensiva, tienes mi voto en la junta. No soy dura contigo, simplemente te muestras siempre demasiado serio, recto. No me malinterpretes, me gustan las personas correctas… pero tú pareces enfadado todo el tiempo y no me refiero a tu vida privada, en la oficina lo eres. Eso lo transmites a la hora de hacer tu trabajo, te fijas solo en los números y no miras el alma que hay detrás de cada proyecto, cada ilusión pendiente de tu decisión. 

-¿Quieres que te pinte gracia también? ¿Qué te adule?

-Perdona, pero contigo es imposible hablar. –Se marchó y lo dejó plantado como un imbécil, porque eso era lo que había sido. Ella le habló desde el corazón, con dulzura y sinceridad. Pero Sebastian tenía metido en la cabeza que Amanda era una engreída hijita de papá. Josua interceptó a su novia que entraba con el rostro taciturno.

-¿Estás aburrida?

-La verdad es que me apetece que termine ya esta fiesta y pasemos tiempo a solas. Contigo es todo tan fácil…

-Pero debemos ser educados y quedarnos, al menos un poco más mi amor. –Amanda lo miró con tristeza en los ojos.

-Tienes razón… Es nuestro mundo. 

Un mundo de dogmatismo, no seguirlo sería un suicidio social, un imposible. Ese cerrado y exclusivo círculo era competitivo, exigente y podía resultar claustrofóbico pero cuando se crece en él, te adaptas, te va consumiendo tu propia esencia, se te va adentrando por las venas, hasta que simplemente es parte de ti, de tu andar y de tu propia visión del mundo.(...) 

miércoles, 22 de julio de 2015

Siempre te vi [Extracto] Martha Ferrás.

(...) Danna acompañando a Samuel en el Hospital, no paraba de dar vueltas en su mente ¿Qué sería de él ahora? ¿Lo volvería a ver? Ella sabía que no todos los que acudían al comedor social estaban en paro, muchos tenían trabajos esporádicos, mal pagado y muchos con familia que mantener ¿Cuál sería la situación real de aquel ser enigmático? Se arriesgó a romper una de sus reglas "Nunca hacer preguntas personales" pero cada segundo que pasaba al lado de aquel hombre se acrecentaba su necesidad de conocer todo de él.

- Cuando salgas de aquí… ¿A dónde irás? – Con una tímida mirada le interrogó. – Es solo para saber a dónde te acerco, en que puedo ayudarte. No quiero me mal entiendas-.

- Danna… ¿Eres siempre tan caritativa con desconocidos? -Su rostro era apacible, aunque no revelaba desconfianza ni emotividad-.

- Siempre que he podido he ayudado a las personas. Ya sé que se puede apreciar como algo extraño, vivimos en una sociedad cada vez más egoísta. No pretendo salvar al mundo, pero creo que a cada persona que pueda ayudar, hacer un favor siempre que esté dentro de mis posibilidades… ¿Por qué no hacerlo? – Aunque no adivinaba la intensión oculta tras su pregunta y que era normal su desconfianza, ella se sintió incómoda ante su curiosidad. – ¿Si te preguntas si he venido al Hospital con desconocidos? Si, el mes pasado vine con una señora que fue atropellada y el conductor se marchó dejándola tirada. En el centro hay una chica, Lolita, pues ella padece crisis de asma muy graves y esta semana tuve que traerla dos veces… - Su mirada se oscureció al recordar el miedo que pasó en el trayecto, creyó que no llegaría a tiempo-.

- Lo siento… - En apenas un susurro al ver el dolor en su mirada, le tomó la mano la cual aprovechaba a menudo para acariciar. - Solo sentí curiosidad, es que no es muy normal que una mujer tan joven y hermosa como tú, emplee tanta dedicación a personas necesitadas. Claro, que tampoco abunda las almas sensibles y puras como la tuya.

- No me conoces, no sabes cómo es mi alma.

- Sí que lo sé… Solo hay que verte, mirarte a los ojos. Tienes la mirada más transparente y profunda que jamás haya conocido. Cuando no la enturbias por dolor cuando recordabas a las personas que ayudaste antes. –“O por temor a sentirte desnuda como ahora” pero se lo guardó para sus adentros, no la haría sentir más incómoda de lo que ya estaba resultando aquella extraña situación-.

Danna se levantó muy nerviosa de su silla y le dio la espalda junto a la ventana. Odiaba como dejaba al descubierto toda su intimidad, al sentirse tan gusto con esa persona… sus traidores ojos no eran capaces de guardar nada.

- Danna, contestando a tu pregunta de antes… Iré a mi casa. Si pudieras llevarme te lo agradecería porque mi coche lo dejé en el comedor y tengo que trabajar a primera hora. – Sus palabras captaron su atención, que se giró para mirarle a los ojos. – Voy al centro no por necesidad, sino para prestar atención médica… – Extendió su mano hacia ella. – No nos hemos presentado correctamente... Dr. Samuel Sardá-.

- Danna de La Torre. – Con rostro confuso le estrechó la mano, sintiéndose tonta y sin saber por qué exactamente. Si fue por creerlo desamparado, por sentir algo muy diferente, algo que no había sentido nunca o simplemente por sentirse como una adolescente con las hormonas revueltas cuando la miraba-.


El Alma de la Fiera [Extracto] Martha Ferrás.

(...) Eduard sabía muy bien que a esos niveles los negocios y la vida era todo menos normal, así que le dio preparación de defensa personal y supervivencia a su familia solo que a Samanta la llevo mucho más lejos. Le confió su adiestramiento a Mayuka, un anciano asiático, donde estuvieron 1 año completo en las montañas en el norte de Europa, alejados de toda población. Su sabiduría era inigualable, sus métodos y resultados se mantenían en secreto salvo quién recibía sus enseñanzas.

Todo un año sin día libre sin descanso, donde aprendió a moverse por todo los terrenos siendo tan sutil como la brisa; aprendió que todo lo que se posee es un arma; belleza física, sensualidad, fuerza, inteligencia... todo. Se entrenó para buscar resistencia dentro de la propia fatiga; para encontrar el equilibrio, todo tiene un punto de convergencia y si se encuentra, se triunfa. Observar, analizar y decidir hacia donde girar la balanza, donde atacar y sobre todo, dar siempre un golpe certero, siempre atacar cuando hay un motivo... estas fueron algunas de sus lecciones aprendidas en su adiestramiento allí.

Junto con Mayukka habían dos chicos más Ivan, ruso de unos 25 años, impetuoso, irascible pero con gran corazón, había sido raptado por terroristas, los mismos que mataron a sus padres, aunque él pudo escapar y Chan, japonés de unos 30 años, solitario, excelente estratega y un genio informático, entraba y salía de donde le apeteciera sin dejar rastro; escapó de su casa por los maltratos físicos que sufría, pero se mentía constantemente en problemas por hackear los sistemas del gobierno. Samanta a sus 26 años ya demostraba sus grandes dotes para que todos hiciera su santa voluntad, con extraordinaria sutileza, sus contrincante no lo sospechaban hasta que no era demasiado tarde, su sensualidad y encanto eran gran refuerzo a su inteligencia y suspicacia... pero era la primogénita de una de las familias más importantes del país. Por eso, todos necesitaban adiestramiento especial.


Los cuatro fueron una familia no solo esos meses, algo surgió entre ellos... Tenían algo en común, realmente estaban solos, habían crecido siendo atípicos, no conocieron el calor hogareño de una familia amorosa, la vida más normal de cualquier persona de sus edades, les parecía de ficción. Se respetaban entre ellos, eran enemigos en el campo de adiestramiento, pero se admiraron las cualidades que realmente contaban, valentía, la tenacidad y defender sus elecciones hasta el final, aunque a veces supusiera ir en contra de las reglas. Ivan, Chan y Sam bajaron de las montañas siendo tres cuerpos en una sola alma. Eran en los únicos que se confiaran hasta su propia vida si era necesario. (...)


martes, 21 de julio de 2015

VISTA AL MAR [Extracto] Martha Ferrás.

(...) -Es precioso mi amor… nuestro hogar, nuestro principio… -Le besó con esas ganas contenidas, sintiendo cada latido de sus labios pidiendo más, necesitados de oxígeno se separaron con ojos lascivos, -Te amo-

- Estrenemos nuestro dormitorio, no veo mejor momento para hacerlo.
Y sí que fue bautizada la habitación. Palmo a palmo, beso a beso se reconocieron en la intimidad, sus pieles ardiendo reclamaban tacto, se hicieron presente caricias en penitencias, deseos encarcelados.

Shila como auténtica mujer del siglo XXI segura de lo que quería, se apoderaba del presente como el mayor regalo de la vida. Luciendo un elegante traje americano de falda y chaqueta sobre una camisa de seda marfil, maquillaje sencillo, el cabello recogido en una lisa coleta y calzando unos clásicos tacones se miraba al espejo y sonrió gustándose, admirando el resultado final, sabiéndose triunfadora.

El aroma de café invitaba a saborearlo, se inundaron sus fosas nasales y se dilató su sonrisa al ver a Carlos con dos humeantes tazas hacia ella. Esa embriagadora poción sabía diferente, bien que sí cuando se está enamorado todos los sentidos aprecian diferente.

-Estás muy hermosa esta mañana mi amor –Dejándole un intenso beso que hizo tambalear desde sus rodillas hasta la taza que tenía entre las manos, no era buen momento para un accidente así que se puso firme-

-Harás que se me derrame el café, desee cancelar mi entrevista y provocar llegues tarde a tu oficina. –Levantando una ceja con picardía le recordó cuanto lo deseaba-

-No me importa canceles tu entrevista, ya sabes que aquí no necesitas trabajar. Gano lo suficiente para una vida desahogada para los dos.

-No me repitas eso por favor… no te recordaba tan machista.


- Y no lo soy, solo que no veo porque tenga que compartirte con un trabajo que no necesitas… Hemos estado mucho tiempo separados mi amor y todo el tiempo que estemos juntos me sabrá a poco. (...)


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