sábado, 15 de agosto de 2015

Principio del fin -Martha Ferrás.

Los fantasmas del pasado acudieron a Danna como una plaga de feos y oscuros abejorros revoloteando sobre su cabeza y dejándola con un escalofrío recorriendo su cuerpo. Llegó a casa, por suerte comprobó que Sara estaba durmiendo, aunque sabía que intentaría no quedarse dormida para enterarse de los pormenores de su cita. Pero Danna no estaba de humor para hablar, para enfrentarse a sus miedos emergidos, era una batalla a la que se estaba rindiendo antes de luchar… Volver a entregarse al amor, depositar toda su confianza en un hombre, sentirse amada sin ataduras, sin miedos… Era algo a lo que se había negado.

Entró a su habitación y buscó en su armario. El suéter suave de Samuel, lo cogió y hundió su rostro en él, conservaba su olor, su calidez… abrazando aquel trozo de tela, acurrucada sobre la cama recordaba sus brazos y por muy disparatado que fuera, le bajaba el pulso cardíaco, su pecho iba tomando serenidad y desapareciendo la fuerte opresión que sentía. Comenzó a analizar todo para sus adentros.


Es de chiste esto, sentirme cerca de Samuel me ha calmado, pero cuando lo sentí con sus manos sobre mí, me asusté y mucho, volvió ese miedo incontrolado hacia los hombres, me volví a sentir vulnerable, insegura de mí misma. Pero tiene la capacidad de calmarme, nunca había sentido esto ¡Dios me estoy volviendo loca! Oh no… si me he mantenido cuerda hasta ahora… Puede que esto sea realmente el principio del fin de mi tortura, romper de una vez con mi pasado. Si esto es así, lo lograré, pero debo centrarme en mí. No puedo depender de un hombre para lograrlo, de hecho si doy riendas sueltas a como mi cuerpo reacciona ante él haré el ridículo y él me importa mucho para cometer semejante idiotez. Samuel, te me has colado muy dentro de mi… espero te resulte lo suficientemente interesante para que me tengas paciencia. 

jueves, 13 de agosto de 2015

L'Eveil

¿Y si ella no era de las insulsas mujeres que le habían hecho perder toda esperanza en el amor? Danna no tenía la mirada vacía y eso fue lo primero que lo dejó prendado de ella, había fuego, pasión, pureza y dulzura, una extraña mezcla que como menos le pareció un sueño. Esa mujer era real, con la que siempre soñó, la que creía un espejismo, una utopía… y la tuvo frente a él. ¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Tendría algún hombre a su lado? La sola idea de pensarlo hizo que Samuel oscureciera la mirada con enfado, con dolor de no saberla de él, con tristeza.

-¡Me sentí segura en sus brazos! Una seguridad diferente ¿Por qué habré bajado la guardia? ¡Dios! Después de tantos años. Ese hombre me he excitado como una adolescente, sin temor, con ganas de entregarme, con ganas de sentirme entre sus brazos… ¿Lo Deseo? -Danna sonreía a solas, ensimismada en su mundo, volver a sentir deseo sano por un hombre, sentirse con ganas de ser suya, era una muy buena noticia para ella. Se había cerrado al amor hacía mucho tiempo ya, este en el pasado no le trajo más que dolor y sufrimiento… Tuvo que superarse a sí misma y tomar decisiones trascendentales para afrontar la vida, para mantenerse sana.  

Tu whisky y mi chocolate

Los bombones estaban rellenos con fino chocolate líquido que se deshacía en la boca e inundaba el paladar. Sí que tenían diferentes destinos... Desnudos sobre la cama, Sergey sostenía con sus labios el trozo de chocolate entero hasta que lo estallaba sobre el cuerpo de Sam, iba dejando una riada viscosa y dulce sobre su pecho donde se deleitaba en su cúspide totalmente excitada, su lengua saboreaba cada palmo de su piel con sabor a chocolate. De vez en cuando cogía uno y lo explotaba aprisionando contra la boca de Sam. Hicieron el amor más dulcemente que nunca. Las sábanas que en un inicio fueron blancas ahora no tenían color definido, iban desde el blanco hasta al marrón pasando por matices pardos.

- ¿Te gustó el chocolate? - Sergey besaba la mano de Sam entrelazada a la suya. Estaba sobre su pecho con los ojos cerrados pero sabía que no dormía.

- Mucho, aunque ahora sé que eres más goloso que yo - separándose lo justo para mirarse divertida su cuerpo revelando la huella del deseo.

- La verdad es que pareces un picasso... ¡Te enmarcaré! - Rieron a carcajadas.


La primera vez...

- Eh Sam, me olvidé decirte que un chico muy guapo preguntaba por mamá afuera, le pregunté quién era y me dijo que un amigo tuyo. Por cierto, toma aire antes porque es de los que anula la respiración -dijo Melissa con picardía-.

Las alarmas de Sam se dispararon ¿Quién podría ser? ¿Acaso el que provocó el accidente venía a rematar lo que empezó? Salió de allí con intensión de averiguarlo y hacerle hablar, cuando lo vio...

- Hola mi amor... -Con un ramo de rosas de varios colores en sus manos- Acabo de leer la noticia del accidente de tu madre ¿Cómo está ella?

- Bien, dentro de lo que cabe… ¿Esas rosas? Mirándolo con una ceja levantada.

- Para ella, es la convaleciente. - La miró divertido y sacó una rosa roja del centro. - Pero esta para ti.
- Gracias por este bonito detalle. En cuanto a la comida de hoy debo cancelarla tengo que...

Sergey la silenció con un suave beso - No tienes que explicarme, lo comprendo. Si me necesitas solo llámame... - Entregándole el ramo a Sam. - Dile que de un amigo, agradecido porque tu existas Samanta Rossford y que deseo que se recupere pronto.

- Se lo diré... -Le besó y vio cómo se alejaba por el pasillo frío y ajetreado entre médicos y enfermeras de un lado para otro.

Puso las flores en un jarrón y solo le dijo a su madre que eran de parte de un amigo, se excusó pidiéndole a Melissa que no dejara a su madre sola hasta que ella o su padre no llegaran. Mel asintió ajena a la real preocupación que sentía.

Sentada en el despacho con su padre, frente el uno del otro, Eduard con una vaso de coñac y Sam uno de agua... Eduard mostraba un rostro más relajado.

- Cuéntame papá ¿Qué has averiguado?

- Hija esto no es más que las consecuencias de un negocio que no resultó del todo provechoso para la otra parte. - Ed se recostó en un mullido sofá. - El pobre infeliz estaba desesperado no se le ocurrió mejor venganza que hacer daño a mi familia. Pero ya está controlado.

- ¿Estaba? - Samanta sabía muy bien lo que podría significar esa palabra conjugada en pasado- ¿qué le has hecho papá?

- Nada, mi familia es intocable aunque hayan inconscientes que aún no se han aprendido la lección. No te preocupes, nadie ha resultado herido... de momento.

Viviendo un sueño.

Inspired ... aroma of jasmine filled the room felt full, calm, fighting the fatigue of his eyelids, wanted to freeze that day, every detail, the clock did not walk ... just I hoped it was not a dream ...He lived a perfect dream.


miércoles, 12 de agosto de 2015

Adorable Confusión. Extracto. Martha Ferrás.

Amanda la miraba con los ojos tan abiertos que pensaba se le saldrían fuera. Pero Sebastían mostraba una sonrisa inconsciente en sus labios, nunca había visto una mujer así… con determinación, seguridad en sí, defendiendo lo que creía correcto sin importarle los protocolos del buen estar. Vamos… una mujer que nunca había tenido ni querido tener cerca.

-Vamos nena, este no merece la pena ni que te manches los nudillos…

-Ya… ese placer te lo pedías tú –Estallaron los dos en una enorme risotada con su natural frescura-.

Salieron fuera del recinto los cuatro. Tenían mucho de qué hablar, ponerse al día de toda una vida de ausencias. Pero un corpulento trigueño, de ojos pardos y sonrisa provocadora se les acercó interponiéndose en el camino de Mía.

-Hola. –Steel solo obtuvo por respuesta un movimiento de barbilla con mirada seductora. –Acabo de ver lo que pasó ahí dentro… ¿Qué, estabas aburrida?

-Digamos que le muestro al mundo mi sitio… -Se fundieron en un duelo pupila con pupila, a lo que él se rindió torciendo la boca a un lado en lo que pretendía ser una sonrisa-.

-Por algo así quería verte –El entrecejo de Mía se contrajo y Alex dejó a Amanda para colocarse al lado de su otra amiga. Captando la atención de Steel. –Tranquilo fiera, no creo que tu chica necesite que la protejas, sabe hacerlo solita. No obstante preciosa, vengo a darte esto –Sacó de su bolsillo una pulsera con diamantes. Era una de las joyas robadas que se usaron en la carrera clandestina. Se la colocó en su muñeca y se le acercó al oído peligrosamente aunque el motivo era para que nadie lo escuchara. –Esto es un regalo personal, quién me gana como lo hiciste tú tiene mis respetos. Lo que necesites estoy a tu disposición. Solo dime dónde, cuándo y ahí estaré. –Alejándose ya pero sin perder contacto visual –Ah y puedes circular sin preocupación, es marca registrada. –Esa aclaración significaba que estaban eliminados los códigos de rastreo. Mía se miró la alhaja q brillaba con las luces de las farolas pero nada iba con su personalidad.

-¿Pretendes que parezca muñequita de porcelana con esto?

-Tranquila Nena… durará hasta la primera pelea que entres.

-Pues espero no hayan más, si es así… ¡Ya sabes! –Extendió su brazo en un puño cerrado esperando que ella lo imitara, Alex enfureció de celos, ese era su saludo y de nadie más-.

-Lo siento ese saludo no lo comparto… -Se acercó y le besó la mejilla para reunirse con Amanda y Sebastian que se mantenían alejados observando-.

martes, 11 de agosto de 2015

[Extracto] -Martha Ferrás

Samuel quedó pasmado cuando la vio aparecer en la cocina. Su largo y desenfadado pelo, el rubor en sus mejillas le provocaba unas ganas enormes de besarla, hasta que sus ojos captaron ese suéter… debió darle otro u otra cosa, le marcaba unos pechos redondos y voluptuosos, se le marcaban sus pezones, emergió su erección en cuestiones de segundos, se giró sobre sus pies muy perturbado, no podía pensar. Tomó una bocanada de aire intentando despejar el mar electrizante que recorría su cuerpo.

Danna percibió su cambio de semblante, se preocupó temiendo una consecuencia al golpe y se acercó tomándole del brazo, con la otra mano le rodeó la cintura para ayudarlo a sentarse. El desconcierto de Samuel provocó que la mirara a los pechos mientras que ella lo siguió con la mirada y abrió los ojos desorbitados-

- ¡Oh Dios mío! – con torpeza se separó, estirando el suéter alejándolo de su cuerpo,  y vio su prominente bulto. - ¡Oh Dios mío! – El torrente sanguíneo se concentró en su cara. - Lo siento mucho, será mejor que me marche. – Balbuceando y caminando nerviosa por la cocina. Torpe y desorientada casi cae al suelo de un tras pie-.

- No te marches por favor. Es una reacción instintiva, poco civilizado… eres una mujer muy hermosa. Te prometo nunca irrespetarte y esto no volverá a ocurrir.

- Lo siento… lo siento mucho, mejor me voy. – Danna no huía de él, sino de ella misma. ¿Cómo iba a estar segura de que no volvería a pasar? Si ella no dejaba de sentir su piel como un auténtico hervidero, su cercanía alteraba todo su sistema haciendo que su cuerpo reaccionara de forma primitiva, mojando su ropa interior y endureciendo sus pezones hasta doler-.

Samuel se regañaba a si mismo por estropearlo todo a causa de su nulo autocontrol. Desde la adolescencia nunca más había pasado semejante vergüenza. Lo peor, era que aquella mujer lo excitaba hasta la locura. Eligió tomarse su tiempo para disfrutarla a plenitud. Lo que le hacía sentir merecía el sacrificio de controlar la parte de su cuerpo que tenía voluntad propia, era todo tan nuevo para él...

[Extracto] Martha Ferrás.

(...)Samanta... Te escuché hablar con tu hermana... - Sergey hizo una pausa al sentir como ella se tensó entre sus brazos y la miró a los ojos... sé que nos conocemos desde hace muy poco tiempo, pero sí estoy preparado para hablar de esto que siento por ti... Me has despertado de algún letargo, mi vida era demasiado diáfana antes de conocerte, tú has vuelto mi mundo de cabeza, me induces una adrenalina que me hace replantearme todo... Mis pensamientos giran en torno a ti. Nunca me he enamorado, no sé lo que se siente, pero esto que provocas en mi interior es lo más maravilloso que jamás soñé. Me haces ser mejor persona, de no defraudarte, de ser el hombre que te mereces y ser capaz de sembrar todo esto que siento por ti aquí - poniendo su mano sobre su pecho a la altura de su corazón.

Samanta no contestó... unas lágrimas asomaron hasta humedecer sus mejillas, levantó su cabeza lo suficiente para tomar sus labios y depositar el beso más especial que jamás había dado... era una promesa... un juramente... una declaración de amor. (...)