(...) Mía colocó la moto en posición
de salida, junto a cuatro corredores más. Se situó quedando dos entre Steel, su
mayor rival y ella. No dejaban de mirarse, a pesar de que tenían el casco de
protección y era de noche se sabían ahí, conectando sus miradas. Todos animaban
a los suyos, un ¡Vamos Nena! Una voz
conocida, era por ella… era Alex.
De pronto el silencio se hizo
en su cabeza, miró hacia adelante visualizando su meta enfocando su objetivo.
La pista improvisada se convirtió en un túnel, agudizó su vista y solo vio
nítido su vía de escape, el resto distorsionado, no importaba. Se aceleró su
ritmo cardíaco, se incrementó la presión sanguínea, su pupila comenzó a
dilatarse cuando se escuchó la señal.
Los motores tronaron, salieron
disparados cada uno intentando ser el primero. Mía hacía que la aguja del
velocímetro acariciara todo el tiempo la derecha de la circunferencia. Atravesaron
toda la séptima avenida, haciendo un espectáculo impresionante se dirigieron
hasta el puerto. Allí un hombre fornido y de rostro tosco sostenía una bolsa.
En su interior contenía el plus añadido a la carrera, joyas robadas.
Tendrían que atravesar la
ciudad esquivando a la policía y no permitir que los siguiera hasta donde se
encontraban todos reunidos. Cada moto estaba controlado por un rastreador
sofisticado de GPS y nadie sería tan tonto para buscarse de enemigo a la peor
banda del este huyendo con aquella bolsa. Steel fue el primero en llegar,
aunque todo el recorrido de ida estuvo reñido entre ellos dos ya que habían
tomado distancia del resto desde el principio.
Él no jugaba limpio pero había
perdido contra ella en la carrera anterior esta era la revancha que él pidió y
estaba de mal humor porque había escuchado los rumores que a pesar de su ruindad, Mía le ganó, pero ella sabía jugar en
ese terreno. Se intentaron accidentar uno al otro, Mía logró equilibrar
mientras que en una oportunidad antes de entrar en curva le dio una patada y
logró derribarlo. Esta vez acordaron como pacto privado entre dos que no siguen
las normas… hacer una carrera limpia, que ganara el mejor.
Steel tenía la bolsa en una
mano, que por dos segundos de adelanto no estaba en poder de Mía… aunque se
había dado así no estaba todo perdido… ganaba quien entregara la bolsa en el
punto de partida. Así que ella solo tenía las cosas un poco más difíciles, se
acercó a él como tantas otras veces solo que esta vez giró su cuerpo hacia la
izquierda en un rápido movimiento le arrebató la bolsa cuando intentaba
colocársela en un hombro ¡Mala idea! No era una bolsa cómoda de llevar en esas
circunstancias.
Se había introducido antes de
salir su chaqueta dentro del pantalón uniendo ambas piezas por una cremallera
interna. Lo había diseñado ella misma con el propósito que le protegiera la
piel del roce con el asfalto en caso de caída. Se abrió la parte del pecho e
introdujo la bolsa dentro volviéndola a cerrar hasta el cuello… Aceleró dejando
atrás dos patrullas que ni se inmutaron ya que a la velocidad que marcaba el
radal a aquella moto era impresionante y al tener la matrícula trucada no
salían los códigos de rastreo.
Llegaron casi al unísono
siendo Mía la que aventajó los segundos del triunfo. Aparcó su moto… abrió su
chaqueta con sensualidad muy despacio y levantó los brazos en señal de vitoria.
Entregó la bolsa y se giró siguiendo la dirección de las miradas que se
dirigían a un punto detrás de ella. (...)

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