(...) Eduard sabía muy bien que a esos
niveles los negocios y la vida era todo menos normal, así que le dio
preparación de defensa personal y supervivencia a su familia solo que a Samanta
la llevo mucho más lejos. Le confió su adiestramiento a Mayuka, un anciano
asiático, donde estuvieron 1 año completo en las montañas en el norte de
Europa, alejados de toda población. Su sabiduría era inigualable, sus métodos y
resultados se mantenían en secreto salvo quién recibía sus enseñanzas.
Todo un año sin día libre sin
descanso, donde aprendió a moverse por todo los terrenos siendo tan sutil como
la brisa; aprendió que todo lo que se posee es un arma; belleza física,
sensualidad, fuerza, inteligencia... todo. Se entrenó para buscar resistencia
dentro de la propia fatiga; para encontrar el equilibrio, todo tiene un punto
de convergencia y si se encuentra, se triunfa. Observar, analizar y decidir
hacia donde girar la balanza, donde atacar y sobre todo, dar siempre un golpe
certero, siempre atacar cuando hay un motivo... estas fueron algunas de sus lecciones
aprendidas en su adiestramiento allí.
Junto con Mayukka habían dos
chicos más Ivan, ruso de unos 25 años, impetuoso, irascible pero con gran
corazón, había sido raptado por terroristas, los mismos que mataron a sus
padres, aunque él pudo escapar y Chan, japonés de unos 30 años, solitario,
excelente estratega y un genio informático, entraba y salía de donde le
apeteciera sin dejar rastro; escapó de su casa por los maltratos físicos que
sufría, pero se mentía constantemente en problemas por hackear los sistemas del
gobierno. Samanta a sus 26 años ya demostraba sus grandes dotes para que todos
hiciera su santa voluntad, con extraordinaria sutileza, sus contrincante no lo
sospechaban hasta que no era demasiado tarde, su sensualidad y encanto eran
gran refuerzo a su inteligencia y suspicacia... pero era la primogénita de una
de las familias más importantes del país. Por eso, todos necesitaban
adiestramiento especial.
Los cuatro fueron una familia no
solo esos meses, algo surgió entre ellos... Tenían algo en común, realmente
estaban solos, habían crecido siendo atípicos, no conocieron el calor hogareño
de una familia amorosa, la vida más normal de cualquier persona de sus edades,
les parecía de ficción. Se respetaban entre ellos, eran enemigos en el campo de
adiestramiento, pero se admiraron las cualidades que realmente contaban,
valentía, la tenacidad y defender sus elecciones hasta el final, aunque a veces
supusiera ir en contra de las reglas. Ivan, Chan y Sam bajaron de las montañas
siendo tres cuerpos en una sola alma. Eran en los únicos que se confiaran hasta
su propia vida si era necesario. (...)

Tener amigos que formen parte de nuestra vida con tanta complicidad y confidencia es un éxito personal sin duda alguna.
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