(...) Danna acompañando a Samuel
en el Hospital, no paraba de dar vueltas en su mente ¿Qué sería de él ahora?
¿Lo volvería a ver? Ella sabía que no todos los que acudían al comedor social
estaban en paro, muchos tenían trabajos esporádicos, mal pagado y muchos con
familia que mantener ¿Cuál sería la situación real de aquel ser enigmático? Se
arriesgó a romper una de sus reglas "Nunca hacer preguntas
personales" pero cada segundo que pasaba al lado de aquel hombre se
acrecentaba su necesidad de conocer todo de él.
- Cuando salgas de aquí… ¿A dónde
irás? – Con una tímida mirada le interrogó. – Es solo para saber a dónde te
acerco, en que puedo ayudarte. No quiero me mal entiendas-.
- Danna… ¿Eres siempre tan
caritativa con desconocidos? -Su rostro era apacible, aunque no revelaba
desconfianza ni emotividad-.
- Siempre que he podido he
ayudado a las personas. Ya sé que se puede apreciar como algo extraño, vivimos
en una sociedad cada vez más egoísta. No pretendo salvar al mundo, pero creo
que a cada persona que pueda ayudar, hacer un favor siempre que esté dentro de
mis posibilidades… ¿Por qué no hacerlo? – Aunque no adivinaba la intensión
oculta tras su pregunta y que era normal su desconfianza, ella se sintió
incómoda ante su curiosidad. – ¿Si te preguntas si he venido al Hospital con
desconocidos? Si, el mes pasado vine con una señora que fue atropellada y el
conductor se marchó dejándola tirada. En el centro hay una chica, Lolita, pues
ella padece crisis de asma muy graves y esta semana tuve que traerla dos veces…
- Su mirada se oscureció al recordar el miedo que pasó en el trayecto, creyó
que no llegaría a tiempo-.
- Lo siento… - En apenas un
susurro al ver el dolor en su mirada, le tomó la mano la cual aprovechaba a
menudo para acariciar. - Solo sentí curiosidad, es que no es muy normal que una
mujer tan joven y hermosa como tú, emplee tanta dedicación a personas
necesitadas. Claro, que tampoco abunda las almas sensibles y puras como la
tuya.
- No me conoces, no sabes cómo es
mi alma.
- Sí que lo sé… Solo hay que
verte, mirarte a los ojos. Tienes la mirada más transparente y profunda que
jamás haya conocido. Cuando no la enturbias por dolor cuando recordabas a las
personas que ayudaste antes. –“O por temor a sentirte desnuda como ahora” pero
se lo guardó para sus adentros, no la haría sentir más incómoda de lo que ya
estaba resultando aquella extraña situación-.
Danna se levantó muy nerviosa de
su silla y le dio la espalda junto a la ventana. Odiaba como dejaba al
descubierto toda su intimidad, al sentirse tan gusto con esa persona… sus
traidores ojos no eran capaces de guardar nada.
- Danna, contestando a tu
pregunta de antes… Iré a mi casa. Si pudieras llevarme te lo agradecería porque
mi coche lo dejé en el comedor y tengo que trabajar a primera hora. – Sus
palabras captaron su atención, que se giró para mirarle a los ojos. – Voy al
centro no por necesidad, sino para prestar atención médica… – Extendió su mano
hacia ella. – No nos hemos presentado correctamente... Dr. Samuel Sardá-.
- Danna de La Torre. – Con rostro
confuso le estrechó la mano, sintiéndose tonta y sin saber por qué exactamente.
Si fue por creerlo desamparado, por sentir algo muy diferente, algo que no
había sentido nunca o simplemente por sentirse como una adolescente con las
hormonas revueltas cuando la miraba-.

Este extracto es lo más acertado que encontré para mostrar la lucha interna en Danna... Cómo un sentimiento incipiente lucha por derribar barreras del pasado.
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