viernes, 24 de julio de 2015

Mariposa Desnuda [Extracto PIEZAS DE UN PUZLE] Martha Ferrás.

PIEZAS DE UN PUZLE

(...) Mía se marchó a su trabajo, si es que aún lo conservaba. Quedaba cerca de su casa así que echó a correr, tenía que sacar la rabia que sentía, golpear a Diablo no la habían relajado, se sentía humillada, era solo sexo pero exigía lealtad como en todos los aspectos de su vida-.

Entró por el pub ya abarrotado de gente. La música a tope, la gente bailando y bebiendo. Intentaba abrirse paso hasta llegar a la barra-.

-Hola Mía… ¿El apocalipsis comenzó y te pilló de camino o qué? Llegas tarde-.

-Lo siento Santos… tuve que solucionar un asunto.

-¿Está saldado o me traerá problemas más tarde?

-Está solucionado y ya sabes que yo me ocupo de mis cosas, por mí no te malearán el ambiente. Voy a ponerme a trabajar, sino me vendrás con que tampoco trabajo ni rindo en mi horario.

-Ya veo lo sumisa que eres pidiendo disculpas… si no fuera por Alex ya no tendrías trabajo, dio la cara por ti… ¡Por Dios Mía! Siempre te estás saltando mis reglas, no voy a permitirte una más, la próxima que hagas de las tuyas te vas a la calle y esta vez lo arrastrarás a él también. 

Amanda y Sebastian aparcaron en el LIBELULA, era el centro de moda de aquella zona, con un entorno que seguro que pasaban de todo menos desapercibidos, pero al menos la tenía para él solo, sin los habituales moscardones.


 -¿Qué deseas beber?

-Un Château Lafite está bien, gracias. –Sebastian se quedó con una sonrisa medio torcida, va un club nocturno por allí y pide uno de los vinos más caros del mundo, aquella niña consentida era de revista-.

-Veré si tienen de eso aquí… -Amanda captó la indirecta-.

-Espera… mejor sería un San Francisco sin alcohol-.

-Bien, mejor elección.

Sebastian se dirigió a la barra donde pidió sus bebidas y mientras lo hacía captó su interés una huracanada mujer. Se movía como el viento y aunque carecía de delicadeza, había algo en ella que le atraía.

De todos los antros fuera de la alta sociedad tuvieron que elegir aquel. Donde estaba Mía, su mundo, su vida… Estar en el mismo espacio tiempo se había convertido en un sueño… del que cada mañana terminaba despertando.

Mientras en la mesa donde esperaba Amanda, ya estaba en problemas, ocasionándolos involuntariamente. Alex observaba la escena desde arriba y solo parecía que le hablaban, no obstante comenzó a caminar hacia ellos esperando que no se sobrepasaran, debía al menos esa noche mantener la mayor calma del mundo, su trabajo estaba en juego. (...)



(...) -¿Mía… Alex? –Los ojos de Amanda se inundaron en lágrimas –Ellos se giraron al escuchar sus nombres y fueron los segundos más esperados por años, con los que se soñaba cada momento… a los tres los envolvía un magnetismo único, se cerraron en un círculo que solo ellos conocía, la fuerza atrayente, la energía palpable era sublime.

Las dos hermanas se abrazaron, no dijeron nada, las palabras sobraban. Alex se unió al abrazo pasando un brazo por cada espalda de sus amigas. Intentó apretar fuerte para calmar los temblores del encuentro, pero ¿Cómo podría sosegar lo que él mismo padecía?

Todo ocurría bajo la conmocionada presencia de Sebastián. No entendía nada desde el principio ¿Aquella hechicera mujer golpeando en una pelea dispareja como si fuera una profesional en líos? Aquel fornido joven con aspecto de macarra ¿Qué hacían abrazándose los tres? ¿Por qué una niña mimada estaba en medio de un encuentro tan emotivo con individuos que nada tenían que ver con ella? No le cuadraba ninguna pieza de aquel puzle. (...) 

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