-Vamos nena, este no merece la
pena ni que te manches los nudillos…
-Ya… ese placer te lo pedías
tú –Estallaron los dos en una enorme risotada con su natural frescura-.
Salieron fuera del recinto los
cuatro. Tenían mucho de qué hablar, ponerse al día de toda una vida de
ausencias. Pero un corpulento trigueño, de ojos pardos y sonrisa provocadora se
les acercó interponiéndose en el camino de Mía.
-Hola. –Steel solo obtuvo por
respuesta un movimiento de barbilla con mirada seductora. –Acabo de ver lo que
pasó ahí dentro… ¿Qué, estabas aburrida?
-Digamos que le muestro al
mundo mi sitio… -Se fundieron en un duelo pupila con pupila, a lo que él se
rindió torciendo la boca a un lado en lo que pretendía ser una sonrisa-.
-Por algo así quería verte –El
entrecejo de Mía se contrajo y Alex dejó a Amanda para colocarse al lado de su
otra amiga. Captando la atención de Steel. –Tranquilo fiera, no creo que tu
chica necesite que la protejas, sabe hacerlo solita. No obstante preciosa,
vengo a darte esto –Sacó de su bolsillo una pulsera con diamantes. Era una de
las joyas robadas que se usaron en la carrera clandestina. Se la colocó en su
muñeca y se le acercó al oído peligrosamente aunque el motivo era para que
nadie lo escuchara. –Esto es un regalo personal, quién me gana como lo hiciste
tú tiene mis respetos. Lo que necesites estoy a tu disposición. Solo dime
dónde, cuándo y ahí estaré. –Alejándose ya pero sin perder contacto visual –Ah
y puedes circular sin preocupación, es marca registrada. –Esa aclaración
significaba que estaban eliminados los códigos de rastreo. Mía se miró la
alhaja q brillaba con las luces de las farolas pero nada iba con su
personalidad.
-¿Pretendes que parezca
muñequita de porcelana con esto?
-Tranquila Nena… durará hasta
la primera pelea que entres.
-Pues espero no hayan más, si
es así… ¡Ya sabes! –Extendió su brazo en un puño cerrado esperando que ella lo
imitara, Alex enfureció de celos, ese era su saludo y de nadie más-.

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