Los
fantasmas del pasado acudieron a Danna como una plaga de feos y oscuros
abejorros revoloteando sobre su cabeza y dejándola con un escalofrío
recorriendo su cuerpo. Llegó a casa, por suerte comprobó que Sara estaba
durmiendo, aunque sabía que intentaría no quedarse dormida para enterarse de
los pormenores de su cita. Pero Danna no estaba de humor para hablar, para
enfrentarse a sus miedos emergidos, era una batalla a la que se estaba
rindiendo antes de luchar… Volver a entregarse al amor, depositar toda su
confianza en un hombre, sentirse amada sin ataduras, sin miedos… Era algo a lo
que se había negado.
Entró a su
habitación y buscó en su armario. El suéter suave de Samuel, lo cogió y hundió
su rostro en él, conservaba su olor, su calidez… abrazando aquel trozo de tela,
acurrucada sobre la cama recordaba sus brazos y por muy disparatado que fuera,
le bajaba el pulso cardíaco, su pecho iba tomando serenidad y desapareciendo la
fuerte opresión que sentía. Comenzó a analizar todo para sus adentros.
Es de chiste
esto, sentirme cerca de Samuel me ha calmado, pero cuando lo sentí con sus
manos sobre mí, me asusté y mucho, volvió ese miedo incontrolado hacia los
hombres, me volví a sentir vulnerable, insegura de mí misma. Pero tiene la
capacidad de calmarme, nunca había sentido esto ¡Dios me estoy volviendo loca!
Oh no… si me he mantenido cuerda hasta ahora… Puede que esto sea realmente el
principio del fin de mi tortura, romper de una vez con mi pasado. Si esto es
así, lo lograré, pero debo centrarme en mí. No puedo depender de un hombre para
lograrlo, de hecho si doy riendas sueltas a como mi cuerpo reacciona ante él
haré el ridículo y él me importa mucho para cometer semejante idiotez. Samuel,
te me has colado muy dentro de mi… espero te resulte lo suficientemente
interesante para que me tengas paciencia.

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